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'Zoología fantástica'

Zoología fantástica

En el Manual de zoología fantástica (México, 1957), también conocido como el Libro de los seres imaginarios, Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero reúnen un extenso catálogo de animales fabulosos invitando al lector a pasar "del jardín zoológico de la realidad al jardín zoológico de las mitologías". Se trata de un compendio de seres descritos por las literaturas clásicas y orientales de todos los tiempos hasta formar parte de cierto bestiario mítico. "Ignoramos el sentido del dragón -subraya el escritor argentino-, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres, y así el dragón surge en distintas latitudes y edades. Es, por decirlo así, un monstruo necesario, no un monstruo efímero y casual como la quimera". Borges retoma las teorías de Jung sobre la universalidad de los mitos y los símbolos, por lo que alude a criaturas provenientes del jardín de los sueños que se repiten en diversas culturas y religiones, y que han surgido del inconsciente humano: increíbles criaturas que se nutren de deseos ocultos, temores y preocupaciones inherentes a nuestra propia existencia.

El Manuel de Zoología fantástica recoge casi un centenar de criaturas extraordinarias donde lo religioso y lo mágico, lo ancestral y lo mítico confluyen: algunas de ellas procedentes de obras de autores clásicos como Virgilio o Plinio, y otras del Islam, de la Cábala o de la literatura china, pero también de fuentes legendarias como Las mil y una noches o El libro de las maravillas de Marco Polo. El escritor argentino incorpora, asimismo, seres fantásticos imaginados por algunos de sus escritores predilectos: la "Cruza", o el "Odradek" de larga cola soñados por Franz Kafka; el reptil que contempló en la vigilia C. S. Lewis en Perelandra; el Squonk aludido por William T. Cox; o un raro animal imaginado por Poe, y para cuya descripción el lenguaje humano resulta insuficiente. Junto a éstos, toda una galería de criaturas fantásticas se abre paso entre las páginas del libro: el centauro, "la criatura más armoniosa de la zoología fantástica"; seres terribles como el Catoblepas, la Escila o el Basilisco; la Mandrágora, "planta que confina con el reino animal porque grita cuando la arrancan" y cuyo grito puede ensordecer a quien lo escucha; el simpático Mono de la tinta·descrito por Wang Ta-Hai; y, por último, el Minotauro, el Unicornio o el Devorador de las sombras, que comparten las páginas de este libro con seres alados como el Grifo o el Dragón, uno de los cuatro animales mágicos de la cosmogonía china.

Esta exposición reúne varias obras maestras de la Colección TEA. Entre ellas varias pinturas de los surrealistas Óscar Domínguez y René Magritte en las que el motivo animal adquiere desconcertantes connotaciones jurásicas, así como varios fotomontajes de los años treinta pertenecientes a autores cruciales en la vanguardia como Frantisek Vobecky, o el surrealistya checo Jindřich Štyrský. Con todo, esta muestra no se detiene en una época concreta; por el contrario incorpora obras de distinta filiación estética y de épocas diversas. Destacan en esta Zoología fantástica la obra de 1974 perteneciente al catalán Evru Zush, pionero en el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la creación plástica en España. También varios trabajos fotográficos de Joan Fontcuberta pertenecientes a su Fauna secreta, y en los que, como es habitual en su trabajo, crea narrativas fotográficas ficticias que al ser percibidas como reales parodian y ponen en jaque la credibilidad y el supuesto verismo tanto de los discursos institucionales emanados del poder, como al lenguaje fotográfico mismo. En este caso, Fontcuberta corrobora a través de la imagen fotográfica, pero también con documentos sonoros y textuales, la existencia de increíbles seres imaginarios -elefantes voladores y otras monstruosidades- descubiertos por un supuesto naturalista alemán del siglo XIX, Peter Ameisenhaufen, quien se dedicó al estudio de especímenes anormales.

Asimismo, el concierto animal de la artista residente en Canarias Laura Gherardi es otra de las piezas clave de esta exposición. En ella asistimos como espectadores a la contemplación de un auténtico mural de seres imaginarios, biomórficos y arácnidos, sometidos a múltiples mutaciones; tentaculares, criaturas en continua gestación y emergidos como en un sueño desde la fragilidad del dibujo o la encáustica, trepando por los muros hasta el techo, como sombras con vida propia o proyecciones de nuestra imaginación, nuestras inquietudes y nuestros miedos.

Por último, esta exposición presenta varias esculturas e instalaciones de artistas que trabajan en Canarias -Juan Caros Batista, Tahíche Díaz, Carlos Rivero y Ernesto Valcárcel- que en algún momento se han acercado a la temática de los seres imaginarios desde aproximaciones muy diversas, y que bien podrían, por tanto, ilustrar el manual de zoología imaginado por Borges, así como el bestiario fantástico de nuestros deseos.

 

Isidro Hernández Gutiérrez, Conservador de la Colección y Comisario de la muestra.

 

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