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Pedro Paricio: Elogio de la pintura

TEA Tenerife Espacio de las Artes presentará a partir del 31 de octubre una exposición del pintor Pedro Paricio bajo el título Elogio de la pintura. Se trata de una muestra que reúne un centenar de obras del artista, correspondientes a diferentes períodos creativos, así como varios trabajos recientes. La exposición podrá visitarse hasta el 8 de marzo de 2015 en uno de los modernos espacios expositivos de 1.200m2 de este centro diseñado por los suizos Herzog & De Meuron y que cumple, precisamente, el día de dicha inauguración seis años desde su apertura el 31 de octubre de 2008.

Si bien en las últimas décadas del siglo XX se advierte el agotamiento de la pintura como procedimiento artístico e, incluso, se pronostica su muerte, la pintura continúa, hoy por hoy, renaciendo de sus propias cenizas, alimentándose a cada paso de los logros conseguidos a lo largo de su tradición y deparándonos numerosos hallazgos, ya sea interactuando con otras disciplinas artísticas, ya manteniéndose autónoma y fiel a sí misma. En este último ámbito hemos de situar al pintor español afincado actualmente en Londres, Pedro Paricio (Tenerife, 1982), para quien -en palabras del comisario de la muestra, Isidro Hernández Gutiérrez- "la pintura se ha convertido en una forma de vida, y su vida, en una hermosa y sorprendente pintura".

En su obra existe una continua vuelta, reconsideración y homenaje a la historia de la pintura misma, de la que se nutre para encontrar su espacio expresivo y construir su propia autobiografía, a la manera en que un escritor asume la tarea de escribir su diario, trazando sobre el papel sus pensamientos y dando luz y color a sus emociones. El personaje que una y otra vez protagoniza sus lienzos es el alter ego del propio pintor, haz y envés de una misma moneda, colocándose el ser de carne y hueso en las entrañas de la tela, confundiéndose vida y pintura en una búsqueda sin cansancio de variaciones en fuga, incesantes.

A través de una mirada renovada y una ingeniosa iconografía, Pedro Paricio ha ido construyendo su propio lenguaje pictórico, caracterizado por su concisión y su desnudez, así como por una inteligente selección de elementos iconográficos y por un trabajo escrupuloso en el dibujo de las formas y el cromatismo. Su pintura ha merecido el elogio de coleccionistas y críticos, hasta el punto de que el crítico Juan Manuel Bonet, ex-director de IVAM y MNCARS, y actualmente director del Instituto Cervantes de París, ha llegado a manifestar  que la pintura de Pedro Paricio se encuentra entre "lo mejor y más fresco del arte español actual". En efecto, tras el reconocimiento que ha merecido con motivo de sus tres últimas exposiciones en la londinense Halcyon Gallery, Master Painters (2011), Diary of an Artist (2012) y Shaman (2014), cuyas obras han ido a parar a importantes colecciones internacionales, el artista expone por primera vez una muestra amplia de su trabajo en España.

Algunas obras clave

Lejos de las cronologías y de los discursos previsibles, esta exposición plantea un recorrido atrevido y poético a través de las ocho grandes salas en las que se subdivide. El encuentro o la relación entre las piezas obedece, en este sentido, más a una empatía poética entre los temas y las composiciones del artista que a una secuencia temporal. Así, por ejemplo, de entre las obras seleccionadas para la exposición destacan aquéllas que son, en sí mismas, auténticas alegorías del acto de pintar. En efecto, muchas de las acciones que realiza el sujeto representado en los cuadros de Pedro Paricio tienen que ver con el oficio de la pintura mismo, hasta el pinto de que la acción deviene una suerte de ritual o sacrificio extraído de su contexto tradicional o mágico y llevado al mundo moderno con el objetivo de sellar de modo más legítimo -sin el artificio ideológico del manifiesto ni otras supercherías- el compromiso del pintor con su propia tarea. Ese y no otro es el sentido de Elogio de la pintura, constatable, por ejemplo, en algunas de las obras presentes en la exposición Shaman (2014), su más reciente trabajo. Por ejemplo, en su serie Mystery -The first Mystery (2013), The second Mystery (2013) y The Third Mystery (2013)-, su autorretrato de espalda, de perfil y de frente se combina con formas simbólicas -la llama, el talismán y el mandala- de cuyo influjo o poder irá nutriéndose, progresivamente, el pintor.

En Sísifo y Atlas (2014) el autor se desdobla en dos figuras que, por su colocación, parecen reflejarse una a la otra ante un espejo invisible. Estos seres míticos se arrodillan para sostener sobre sus hombros, a la manera de un sufrido costalero,  el peso de dos grandes tablas inundadas de color: la primera, creando formas geométricas; la segunda, toda ella una materia informe. Y no menos sugerente nos parece el tratamiento de este tema en The Dream of a Craftsman (2014), aunque sí de forma más sencilla: el artista se reproduce a sí mismo como un artesano, ya que en su espalda porta una mochila con varios trozos de madera para elaborar los marcos de sus cuadros. El pintor es un hombre que trabaja con sus ideas y emociones, pero sin poder prescindir nunca del trabajo manual, el que ha de acometer con sus propias manos.

Una de las piezas más emblemáticas de la exposición, escogida como imagen de difusión de la expsición es Self portrait after Velázquez (Golden Rider) (2011) donde el propio artista, con su habitual sombrero negro, cabalga sobre la grupa de un caballo, emulando al famosísimo retrato de Felipe IV que Velázquez llevó al lienzo en 1634. El paisaje del fondo, tan importante en el cuadro del siglo XVII,  se mantiene, aunque con un tratamiento esquemático de bloques de color. La figura del pintor reproduce aquella posición de perfil del monarca; no obstante, la media armadura de acero pavonado de aquél, con todos sus adornos, la banda y las botas desaparecen en el cuadro actual, y se convierten en una textura dorada. Diríase que este Self portrait after Velázquez (Golden Rider) se postula como una diferencia esencial, una lectura al margen, un posicionamiento heterodoxo y emancipador que trastorna el modelo clásico para crear un pensamiento poético - pictórico único: el pintor representado, como el poeta, conduce el caballo de la pintura hacia un horizonte desconocido.

Esta exposición reúne un conjunto representativo de la obra de Pedro Paricio. En ellas, experimenta siempre con las posibilidades últimas de su oficio, en un continuo movimiento de sístole y diástole entre tradición y vanguardia, pasado y presente, pues el autor advierte que pintar, hoy, supone atrevimiento y experimentación, pero también reconocimiento de una herencia milenaria. Tal que la máxima filosófica de los enanos a hombros de gigantes, situarse ante la tela implica, para Pedro Paricio, recibir un contingente enorme de conocimientos y libertad, a la vez que un impulso imaginativo para su propia voz creadora.

 

 

"La pintura posiblemente sea la disciplina más humana y compleja. Para trabajar no necesitas más que una superfície (lienzo, madera, piedra), un pincel (dedos, plantas, bambú) y pintura (pigmento, café, flores). Muchas otras disciplinas se apoyan en la energía eléctrica o en cosas fabricadas. El pintor, sin embargo, no depende más que de sí mismo".

[Pedro Paricio, 2007]