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Era así, no era así.

Autor: Juan Gopar

Juan Gopar nace en la isla de Lanzarote en 1958.

Comenzó a exponer en la década de 1970. Durante los últimos veinte años desarrolla un enfoque de la escultura que ha dado lugar a un lenguaje propio.

Narrador y constructor de metáforas, su trabajo se caracteriza por la resistencia que muestra a dejarse atrapar en categorías genéricas, a ser arrastrado por corrientes y tendencias. La riqueza expresiva de su trabajo radica en un lenguaje lleno de símbolos  e imágenes que reflejan el paso del tiempo.

Gopar ha combinado a lo largo de su carrera la pintura con la escultura, incluso valiéndose al mismo tiempo, en muchas ocasiones, de la arquitectura, lo que otorga a su trabajo una dimensión compleja que anula los límites entre disciplinas artísticas y estimula una amplitud de perspectivas extraordinarias.

La soledad, el aislamiento y una tendencia al naufragio, a desaparecer, se hace evidente en todo su trabajo e invitan al espectador a un sentimiento recíproco de introspección individual.

Los relatos, la poesía y el Atlántico son algunas de las fuentes de las que bebe para crear sus obras y muchos de sus títulos reflejan estos orígenes creativos.

El mar y la épica de sus hombres excepcionales, los objetos que el océano arrastra a la playa, le sirven para alterar las nociones convencionales de la realidad y comprometer la mirada del espectador. La dualidad arte-vida, hombre-naturaleza, desaparece en una obra donde los objetos reflexionan sobre la naturaleza humana a través de piezas inspiradas en estructuras arquitectónicas surgidas en las orillas marinas, habitáculos provisionales "para nadie", unas veces espontáneamente y otras manipuladas por él, que el artista encuentra en sus paseos alrededor de la isla.

Gopar subvierte las convenciones de la práctica escultórica de grandes gestos heroicos, falsas imposturas y escala monumental, para cuestionar los materiales llamados a formar parte de la posteridad como el acero, el mármol o el bronce, y sólo a través de una especie de mirada irónica -donde se incluye su propia identidad- se enfrenta a los eternos problemas de la existencia. En su lugar crea el anti-monumento, objetos humildes, hechos con materiales reciclados como el papel, cuerda, tela, hilo, cartón, plástico o madera.

"Soy un marino que perdió la gracia del mar -confiesa-, he vivido a orilla del mar y el mar forma parte de mi vida íntima".

De gran significado son sus "maquetas", con las que crea un lugar para la utopía y la mirada crítica, un mundo propio donde se relacionan las diferentes disciplinas del arte -pintura, escultura, arquitectura y fotografía-, cuatro vías de experimentación que en su obra se ven unidas por tener siempre una función abierta en donde los elementos simbólicos plantean preguntas más que ofrecer respuestas. Las preguntas de Gopar bucean en lo incierto e intangible del origen: "Las ideas y los materiales del arte -dice- han de ir hoy más allá de los géneros artísticos tradicionales".

Las "maquetas" son vehículos para el pensamiento, complejas estructuras provisionales construidas con materiales mundanos -que hunden sus raíces en la escultura post-minimalista de la década de los 70- y en ellas se encuentra la propuesta, la especulación y la hipótesis. Cada una de ellas introduce un fragmento del relato íntimo que ha acompañado al autor desde la niñez, vulnerables a cualquier cambio.

Gopar manipula el espacio en el que sus objetos habitan, lo que obliga a los espectadores a reconsiderar y renegociar su presencia en el cubo blanco en relación con sus propios cuerpos, desafiando los conceptos de línea, superficie y color. La tensión entre bidimensionalidad y tridimensionalidad es una constante en su trayectoria. "Ese es el espacio que me interesa, el espacio intermedio, el intersticio como metáfora, la orilla, en ella está mi casa". Y es esa casa, epicentro de un mundo propio, la que Juan Gopar traslada a TEA Tenerife Espacio de las Artes. Una casa que nunca se acaba, envuelta en una naturaleza que zigzaguea como un barco de velas, navegando contra el viento.